viernes, 29 de agosto de 2014

Tortugas Ninja



Mi bautizo como espectador en México ha sido con la enésima versión de esa marcianada ochetera que son las Teenage Mutant Ninja Turtles. En España no se estrenará hasta finales de septiembre… esa suerte que tenéis.

No acudí de forma estrictamente voluntaria a ver esta película de culto cinéfilo, sino más bien empujado por la circunstancia de que fuera la única película infantil de la cartelera; que como no tenemos aún canguro ni nada, pues vamos a todas partes juntos como la familia Telerín.

A mis niños les gustó mucho, dicen, pero la peli es bastante pestiño, de esas de mucho efecto digital y peleas muy espectaculares pero sin emoción ninguna, y en las que no sabes si van a vienen. Un producto muy pensado para el merchandising y para el efecto 3D.

Estos bichejos peleones con nombres de pintores renacentistas ya conectaron con fuerza con los niños de los 80 (¡fueron los personajes favoritos de mi hermana pequeña!) y parece que de nuevo lo han conseguido con los niños de los años 2000. La maniobra ha sido de manual: primero nos han calentado a la chavalada con la serie de dibujos de TV, juguetes de todo tipo y demás. Y cuando ya los niños se saben de memoria sus nombres… ¡zas! la peli.

Para rematar el atractivo comercial del producto, y como incentivo para los padres (no madres) acompañantes, nos ponen a Megan Fox en el papel de April O’Neil. Para mi esta chica tiene una belleza excesivamente quirúrgica que no resulta nada interesante, pero bueno, tampoco es que sea una condena observarla.

De positivo sacamos unos títulos de crédito chulos, un buen papel secundario (casi un cameo) de Whoopi Goldberg, dos o tres puntos graciosos y una muy divertida secuencia de las 4 tortugas armadas hasta los dientes en un ascensor. Pero que no haya duda, la peli en general es un rollo, en el que además se ha perdido todo el factor sorpresa que sí hubo en los últimos años 80, cuando aparecieron estas tortugas, que además eran ninjas, que además eran mutantes y que además eran adolescentes. Ahora vienen hechas por ordenador, ¿y qué?

He visto y/o vivido cosas más extraordinarias que reptiles mutantes en los 15 días que llevo en México D.F. Os voy a poner un ejemplo, que paso a relatar. Hace unos días fui con los niños a visitar una escuela infantil. Se nos hizo pasar al despacho de la directora; en el recibidor previo descansaba sobre un sofá una risueña monja a laque calculé unos 100 años de edad, y que me presentaron como “la madre fundadora”. Saludé, y la monja me miró como mira Silvestre a Piolín. Pasé al despacho y tomé asiento. Mientras la directora me contaba los pormenores del funcionamiento de la escuela, veo de reojo que la monja se levanta y viene hacia mi. Tal vez no sobre indicar que la susodicha “funcionaba” ayudada por un respirador de esos que consisten en un tubito que pasa por debajo de la nariz y se conecta a una bombona de oxígeno que se desplaza sobre un carrito. En ese momento, la monja me alcanza por la espalda, posa sus huesudas manos sobre mis trapecios y me regala un sorprendentemente enérgico masaje (de largos segundos de duración) mientras me dice:  “se te cae la babita con tu niña, ¿verdad?”.

Después de cosas de este tipo, ver a una tortuga manejando unos nunchakus te deja frío.

De todas formas, y como ya sabéis, a mi me gusta ir al cine, aunque sea a ver una mala peli. Ahora que el Cupletero está a 9000 km de su Madrid, la verdad es que en una sala de cine se siente como en casa. La magia del cine, de nuevo.

martes, 5 de agosto de 2014

Ocho Apellidos Vascos


Cinéfilo de acción retardada, el Cupletero acaba de ver por fin la película española del año, y a estas alturas no se puede escribir nada sobre ella sin ponerla en valor respecto del fenómeno que ha supuesto, tanto por su recaudación como por su repercusión social.

En este mundo de mierda (y no me refiero al mundo del cine, sino más bien al planeta Tierra) la calidad de nuestro trabajo se suele medir en función del dinero que hagas ganar a tu jefe. En la industria cinematográfica esto es equivalente a la taquilla que haga tu película. Ocho Apellidos Vascos es la película española más taquillera de la historia dentro de España, con 6,5 millones de espectadores en nuestro país, y por lo tanto podría considerarse una película excelente… al menos desde ese punto de vista mercantilista.

Hay películas que obtienen grandes resultados en taquilla gracias a que muchos aficionados al cine compramos nuestra entrada, pero es que Ocho Apellidos Vascos ha conseguido que vuelva al cine gente que hacía muchos años que no gastaba un céntimo en ver una película. Brindo por ello, la industria necesita muchos productos así, capaces de generar grandes beneficios. 

El otro ámbito en que ha supuesto un terremoto es en el político-social. Ha conseguido crispar tanto a la derechona españolista como al entorno de la izquierda abertzale. Brindo por ello también, ambos sectores se merecen que les hagamos mucho de rabiar.  

¿Es entonces Ocho Apellidos Vascos una excelente película? ¿O al menos es una gran comedia? Pues creo que no tanto… esta misma temporada se estrenó la cinta española Tres Bodas de Más, que me pareció bastante mejor comedia. Del mismo director de Ocho Apellidos Vascos, Emilio Martínez-Lázaro, me gusta más El Otro Lado de la Cama. Y también soy mucho más partidario del Pagafantas de Borja Cobeaga, uno de sus guionistas (junto con Diego San José).

Ocho Apellidos Vascos es una comedia romántica clásica que cambia Capuletos y Montescos por vascos y andaluces, pero también es un auténtico bombardeo de chistes apoyados en los tópicos regionales… ¡TODOS los tópicos! Sin dejar uno (a veces incluso cayendo en la tentación de repetir un chiste varias veces). Y ese es el gran acierto de esta película, que hurga en todos los estereotipos, incluidos aquellos que hasta hace muy poco eran tabú. No se practica la autocensura y eso el público lo ha premiado.  

Cobeaga y el resto de creadores del programa de ETB Vaya Semanita se pasaron 10 temporadas escribiendo chistes de “vascazos” y de “españolazos”  sin cortarse un pelo, pero el mérito de Ocho Apellidos Vascos es el de ser la primera producción destinada a la generalidad del público español  que lo hace… y el que golpea primero golpea dos veces. 

Eso no significa que sea una comedia redonda, que creo que no lo es. Principalmente adolece de un problema estructural serio con el personaje de Carmen Machi, clarísimamente metido con calzador para dar la réplica al personaje de Karra Elejalde, pero que resulta increíble y desdibujado… a pesar de lo gran actriz que es la Machi.

Soy muy partidario de Clara Lago en general. Me gusta mucho su naturalidad actuando; me gusta su voz, grave para una chica menuda como es ella; y me gusta mucho su belleza “cercana”, así como de la guapa del instituto. Sin embargo su personaje en Ocho Apellidos Vascos no da para lucirse mucho. La verdad es que los dos personajes femeninos son poco más que el contrapunto necesario para el lucimiento de los dos protagonistas masculinos.

Dani Rovira sí se cuelga una medalla en esta peli: está muy muy divertido  en su faceta de cómico, pero además le sienta bien el traje de actor, realizando una interpretación correcta y convincente.  Pero sobre todo merece destacarse el Koldo de Karra Elejalde, una creación fantástica a partir del estereotipo del aita… ¡memorable!

Se preparan ya la secuela y algunas “réplicas” de comedias romántico-regionalistas, pero dudo mucho que riamos tanto la gracia en sucesivas ocasiones… En las primeras comedias de “el destape”, bastaba con mostrar una teta y a un señor bajito y feo babeando frente a ésta para que nos mondáramos en el cine, pero pasado ese primer momento, hace falta mucho más para arrancar una carcajada. La diferencia de calidad entre aquellos bodrios y Ocho Apellidos Vascos es abismal, pero lo que quiero decir es que cuidadito con repetir demasiado la broma… que no hay nada más patético que una gracia que se estira demasiado.

viernes, 4 de julio de 2014

MBIG




Desde hace algunos meses está ocurriendo en Madrid un fenómeno teatral fuera de lo común. Macbeth International Group (MBIG) no es una obra de teatro que el espectador contemple desde el patio de butacas; es una experiencia teatral que se vive desde dentro.

La distancia que hay entre teatro convencional y el Macbeth que se representa en La Pensión de las Pulgas es la misma que hay entre contemplar fieras salvajes en un zoológico o hacerlo desde el Jeep en un safari en Kenia. En La Pensión el espectador tiene el privilegio de estar invitado a la mesa, de ser parte del decorado, de “oler” la acción (que se desarrolla a metro y medio de tus ojos). Experimentar (no sólo contemplar) la adaptación del clásico shakespeariano que nos propone José Martret es lo más parecido a estar metido dentro de una película, con la apasionante intensidad que ello conlleva.

Como en otros espacios escénicos surgidos últimamente, la representación tiene lugar en diversas estancias que van siendo transitadas por el público. Lo especial de este montaje es que la escenografía se adapta a la acción y al espíritu de la obra como un guante, funcionando en perfecta sintonía con aquélla.

MBIG se apoya sobre el texto literal (o casi) de la obra original, pero utilizando la estética de glamour y sofisticación de las élites que dirigían las grandes corporaciones americanas de principios de los años ’60 (MadMen). Este recurso dota a este Macbeth de una fuerza plástica impresionante. Pero no sólo eso, también refuerza el mensaje shakespeariano, ya que ese mundo tiene todas las resonancias de ambición, lealtad, traición, prestigio e intrigas de poder que se retratan en la escocia del siglo XI.

Otro acierto es también reforzar este Macbeth con la filosofía de superación personal y de éxito empresarial de textos de referencia en este ámbito, como Los Siete Hábitos de las Personas Altamente Efectivas o ¿Quién se ha Llevado mi Queso? Estas pinceladas quedan a cargo de Camelia, el único papel inventado por Martret y que funciona a la perfección como anfitriona y como recurso conector entre los diferentes espacios.

Este trípode Shakespeare-MadMen-Empresa funciona con una solidez impresionante. Martret desde luego demuestra criterio, valentía y buen olfato.

La dirección de arte (a cargo de Alberto Puraenvidia) y el vestuario (parcialmente de Lorenzo Caprile) están cuidados hasta el último detalle; y los efectos sonoros, aunque discretos, ayudan a conseguir una inmersión total del espectador en la trama.

Excelente también es la elección de los actores. Existe, en mi opinión, sólo un actor que se queda por debajo del altísimo nivel general… pero un error frente a 9 aciertos no es un error, es un desliz. De todos modos, es de justicia reconocer que su evolución desde las primeras funciones hasta las actuales es verdaderamente notable.  

Grandes son las 3 brujas, interpretadas por  sólo dos actrices (preciosa licencia esta). Camelia estuvo magistralmente interpretada por  Inma Cuevas, ahora sustituida por una Raquel Pérez  que le da un aire distinto pero igualmente sobresaliente.  Remarcable el Banquo  de Daniel Pérez Prada (¡tal vez el hispanohablante con más pinta de escocés que he visto!) que nos lleva desde el colegueo y la lealtad hasta la decepción y la rabia.

No conviene perderse ni uno solo de los sutiles gestos que entrega Pepe Ocio a través de su Macduff, héroe sereno y devastado a quien le cuesta todo y más poner algo de cordura en  esta olla a presión. Muy meritorio conseguir proyectar todo eso desde la contención y el autocontrol, con la actitud antiheroica de quien hace nada más que lo que tiene que hacer.

Fran Boira memorable también, conduciendo un Macbeth sin frenos, desquiciado y desquiciante. Aterrador, pero también llega a despertar lástima de puro infantil y desnortado. Tal vez excesivo en algunos momentos, pero desde luego eficaz.

Un reparto tan coral difícilmente tiene dueño, pero en este caso yo lo tengo claro: MBIG pertenece a su reina, Lady Macbeth. Rocío Muñoz-Cobo va tejiendo sin prisa, con hilo fino, un personaje colosal. Una mujer enamorada, una zorra manipuladora e hipersexual, una ambiciosa sin medida, una gélida criminal, una reina orgullosa con una perenne sonrisa social, una compañera decepcionada… todo esto y mucho más es la Muñoz-Cobo, que gestiona las transiciones entre sus diferentes estadios con una naturalidad y una elegancia tales que espectador no puede hacer otra cosa que tragar y digerir el personaje. ¡Porque aquí manda ella!

La abrumadora belleza de esta actrizota, y su presencia física, fuerte y atlética, no son en este caso un agradable ornamento al personaje, o no solamente. Son un recurso expresivo más, en contraste con lo horrible de su interior y lo bajo de su caída.

Cuando después de toda esa montaña rusa emocional, la preciosa Muñoz-Cobo nos muestra a esa Lady Macbeth triturada, consumida desde dentro, aterrada de sí misma, devorada por sus pesadillas hasta convertirla en una criatura de extrema fragilidad que se autodestruye… bueno, el Cupletero se queda con el pecho helado, la garganta seca y el alma encogida.

Mi actriz favorita se llama Rocío Muñoz-Cobo. Categóricamente.


domingo, 15 de junio de 2014

Pancho, el Perro Millonario



“¿Pero qué hago yo aquí?”, “a ver cuándo acaba esto”, o simplemente “jo, qué rollo” son sólo algunas de las cosas que me pasaban por la cabeza cuando estaba el jueves pasado en el cine con mis niños viendo Pancho, el Perro Millonario. No sintáis lástima por mi, no, que aquí cada uno tiene lo que se merece.

Yo siempre he odiado las pelis de perros, así en general. Ni Lassie, ni Beethoven, ni Socios y Sabuesos, ni Rex el perro policía, ni Cujo el perro asesino ese… Los detesto, y si además el bicho tiene sentimientos y ayuda a su amo a entender el valor de la vida y del amor, ya me enfermo vivo. Sólo recuerdo una peli con un perro entre el reparto principal que me haya gustado: la maravillosa The Artist.

¿Qué hago yo entonces en el cine viendo a Pancho? Para comprenderlo hay que retroceder unos días, cuando cayó en mis manos un Cinemanía en el que leí que alguien había tenido la audacia de producir un largometraje entero sobre el perro del anuncio de la lotería. “Vaya tontería más marciana” pensé yo, y seguí leyendo: protagonizada por Patricia Conde (“¡ostras!”), con la aparición de María Castro (“¡oh!”) y Marta Hazas (“¡anda!”).  Inmediatamente, el hemisferio cupletero de mi cerebro tomó el mando de toda mi materia gris y grité:

-          Niños, ¿queréis ir a ver la peli de Pancho?

-          ¡¡¡¡Síííí!!!!

El resto ya es historia.

Voy a intentar olvidar la manía que le tengo al cine canino para explicar por qué Pancho es una mala película. Principalmente el problema es que no tiene pulso, el ritmo es inexistente. A mis niños les gustó mucho, o eso dicen, pero la verdad es que pasada la primera media hora la niña no paró de treparme y retreparme, y el niño se pasó más rato de pie que sentado.  A las payasadas del perro no les vi  gracia ninguna. El protagonista varón, Iván Massagué, es de un desdibujado que te mata de aburrimiento. Aparece una pareja de esbirros tontorrones , Alex O’Dogherty y Secun de la Rosa  que no funcionan en absoluto, sobre todo, me parece a mi, porque no hay química ninguna entre los dos (¡está muy feo hacerle eso al gran Secun!). César Saracho nos hace una prolongación de su Bernardo de Cámara Café pero en entrenador de perros… resulta resobado y tampoco funciona bien.

Pero no todo en Pancho es malo. La canción de Efecto Pasillo (Me Sabe Bien) es de muy buen rollo. Tenemos a un buen malvado encarnado con clase por Armando del Río. Un buen puñado de secundarios defiende muy dignamente su plaza, como Eloy Azorín, María Castro y sobre todo Marta Hazas.

De todos modos, lo que de verdad me sacaba a ratos de mi letargo era Patricia Conde, no os voy a engañar. Con un desparpajo encantador, buena presentadora y showwoman, pero ¿es actriz? Creo que aún no. Empieza francamente mal, pero según avanza la película va mejorando y llega a lucirse plenamente cuando hace eso que se le da tan bien: interpretar a una rubia guapa y lista que se hace la tonta, o interpretar a una guapa y tonta que se hace la lista. Ambas cosas las borda, y dentro de esos registros nos regala unos cuantos buenos gags.

Para mi que Disney ha puesto a Angelina Jolie al frente de Maléfica para incentivar que los padres (varones) lleven a sus hijos al cine, y que aquí se ha buscado una estrategia parecida confiando en  el tirón de Patricia Conde entre el público masculino. Y los fans de ésta no nos vamos con las manos vacías. Nosotros pagamos las entradas de nuestros niños y a cambio el director de Pancho , Tom Fernández, nos regala todo un muestrario de gestitos traviesos de la guapa (y sobre todo muy salada) vallisoletana… y además ahora mírala con el pelo mojado, y ahora mira cómo mueve la cadera con esta falda de tubo y estos tacones, y ahora un poco de escote…  ¡qué previsibles somos los padres cupleteros!

 

jueves, 29 de mayo de 2014

Dentro y Fuera



Actualmente en mi amada Madrid tenemos una oferta teatral tan amplia que es prácticamente inabarcable. Para todos los gustos, para todos los presupuestos y en todo tipo de salas. Desde las superproducciones musicales de los grandes teatros tradicionales de la Gran Vía hasta todo tipo de microteatros en salas alternativas, sótanos de bares de copas o librerías. Este fenómeno es sin duda el resultado de una vibración creativa que sacude la ciudad y brota por cualquier rendija, pero también es un síntoma de una peligrosa y preocupante desestructuración y desprofesionalización de la industria teatral. Así están las cosas, existe sin duda un conflicto que resolver pero no es esta mi tarea… yo aquí he venido a cupletear.

A medio camino exactamente entre los grandes teatros y las minisalas improvisadas está la Sala AZarte, una sala mediana que cuenta con un pequeño patio de butacas, pero ni anfiteatro, ni acomodador, ni cortinas de terciopelo rojas. En esta sala se representa actualmente Dentro y Fuera, dirigida y escrita por Víctor García León (que firmó la buenísima película Vete de Mi).

Todos conocéis ya la fascinación que me provocan los actores y su oficio, así que no es de extrañar que disfrute especialmente  con obras como esta, en las que actores interpretan a actores, pero en este caso además los actores interpretan a actores que están interpretando una obra dentro de la obra… algo así como los sucesivos niveles de sueño de la película Origen. Se nos muestran las intrigas y los dramas del camerino (¡con lo que disfruto yo mirando donde no debo!), pero también esa obra dentro de la obra que se descontrola totalmente regalándonos momentos absolutamente desternillantes.

Gracias a un novedoso (al menos para mi) y eficaz recurso escénico, esta obra puede experimentarse de dos formas distintas por el espectador. Es una obra “reversible” (dentro-fuera, ya avisa el título) de modo que un mismo relato puede ser digerido de dos formas diferentes. Estoy siendo deliberadamente confuso para no ser demasiado spoiler, pero os lo voy a resumir: mola mogollón.

Es necesario remarcar lo extraordinariamente buenas que son las interpretaciones. Paola Matienzo es un muy correcto juguete roto, una mujer rendida, a quien debemos además la idea del doble montaje.  Alberto Jiménez, que será para siempre el padre del amigo de El Bola, está totalmente convincente en su viaje hacia el delirio y sus forcejeos con la realidad y con sus compañeros.

Impresionante Alicia Rubio, una actriz que me fascina, desconocida (aún) por el público en general pero muy conocida y reconocida (premio de la Unión de Actores a la mejor actriz secundaria de cine 2013) dentro de la profesión. Actriz de tremenda fuerza cómica, con especial “mano” para los papeles costumbristas (bien lo sabe Daniel Sánchez Arévalo) pero además es un animal dentro del registro dramático… la verdad que tiene cuando llena sus ojazos de lágrimas es algo conmovedor. Por ello en Dentro y Fuera dirige su papel entre lo patético y lo cómico sin dificultad alguna.

Igualmente no muy conocido por el gran público pero archiconocido dentro del mundo escénico es Pepe Ocio, un excelente actor que encarna a la perfección a héroes discretos, a pobres hombre superados por su realidad y a iluminados en el borde de la locura o el fundamentalismo. En este caso nos sorprende con un registro cómico absolutamente hilarante y un acertadísimo retrato de algo así como un “tonto con suerte”. Tiene Ocio en Dentro y Fuera el reto de interpretar a un actor que es mal actor… algo que sin duda debió costarle mucho trabajo.  

De forma modesta pero bella se tratan en esta propuesta teatral  los conceptos “dentro” y “fuera”, que son tan relativos y subjetivos como podrían serlo “realidad” y “teatro”. Todos hemos tenido la sensación de estar interpretando un papel en la vida real, así como todos hemos creído estar tocando la más pura realidad en un teatro… al menos al Cupletero le pasa.

sábado, 17 de mayo de 2014

Nueva Vida en Nueva York


Durante el curso 1998-99, el Cupletero aún no estaba inventado, pero estaba gestándose. Aquel  pre-cupletero o cupletero-larva vivía una experiencia alucinante: una beca Erasmus. El programa erasmus responde desde 1987 a una iniciativa de la Unión Europea para “fabricar” ciudadanos europeos con conciencia de serlo, a través de intercambios entre universidades y ayudas económicas a los estudiantes. Es seguramente el mayor acierto en política cultural europea de la historia y para los participantes una experiencia absolutamente positiva tanto académica como personalmente. Y divertida. Muy, muy, muy divertida. Si uno tiene mucha suerte puede incluso conocer a su futura esposa.

Al poco de volver de aquel inolvidable paréntesis se estrenó Una Casa de Locos (2002), pésima traducción de L’Auberge Espagnole, en la tradición de añadir el adjetivo “loco” al nombre para ir avisando de que se trata de una “divertida comedia”: Loca Academia de Policía (Police Academy), La Loca Historia de las Galaxias (Spaceballs), El Abuelo Está Loco (The Gnome-Mobile), La Loca Historia del Mundo (History of the World Part I)… esto es una buena mierda que debería parar ¡pero ya!

Una Casa de Locos, evaluada fríamente, seguramente no pase de comedia medianamente correcta, pero recrea tan acertadamente el ambiente y las peripecias erasmus que consiguió que llorara de nostalgia. No hablo en sentido figurado, hablo de agua por mis mejillas.

En 2005, el mismo director, Cèdric Klapisch, realizó la primera secuela, Las Muñecas Rusas (esta vez sí, Les Poupées Russes) repitiendo gran parte del reparto y configurando una flojísima película del género “treintañeros dudan si es el momento de sentar la cabeza o no”. A pesar de pillarme en la edad justa de nuevo, no me dijo nada.

Pero ahora se estrena Nueva Vida en Nueva York, traducción libre, tontorrona y spoiler de Casse-tête Chinois (vuelta a las andadas) y esta vez vuelve a tocarme la fibra.  La vida del protagonista de la trilogía, Xavier (Romain Duris), no es exactamente como la mía pero existen suficientes paralelismos como para que me sienta muy identificado con el personaje. Se acerca a los 40 (como yo), tiene un hijo y una hija (como yo), conoció a su mujer y madre de éstos durante su beca erasmus (como yo) y sobre todo es alguien que asiste atónito a un mundo en el que todo el mundo parece saber lo que quiere y cómo conseguirlo, y que por lo tanto marcha firme en esa dirección; mientras tanto, él lidia con una realidad propia azarosa e incontrolable frente a la que sólo puede ir adaptándose como buenamente puede. 

También me une a Xavier una clara tendencia a rodearme de amistades femeninas… yo no tengo, como él, una amiga íntima lesbiana (¡grandísma Cécile de France en este papel!), pero me encantaría; es algo que creo que me merezco y que algún día se me concederá.

Un rompecabezas chino (casse-tête chinois) es algo que no se entiende al primer vistazo pero es un desafío alcanzable: al final todas las piezas encajan. O eso dice esta película, que trata de la complejidad de la vida pero siempre dentro de el tono ligero y en cierta medida edulcorado de una comedia pura. El marco elegido es acertadamente un Nueva York no de postal, sino de asfalto agrietado y engorrosos papeleos, pero que aún así  simboliza, como siempre, la posibilidad de una nueva oportunidad y de la constante reconstrucción de la identidad propia. 

Muy divertida, amena, rápida, atractiva visualmente y con una banda sonora chulísima, la película flojea sin embargo en el desenlace final, como es habitual en la mayoría de las comedias, por otra parte.  A mi me encantó pero no me atrevería a recomendarla con mucha insistencia, porque no todo el mundo tiene porqué sentir la sintonía con Xavier que tiene el Cupletero, que es padre de familia pero aún no sabe qué quiere ser de mayor…

Y recordad, el cine francés siempre en versión original, ¡eh!

 

sábado, 10 de mayo de 2014

Snowpiercer





Este fin de semana se estrena la producción surcoreana Snowpiercer. Pero que nadie espere ver una película de esas cutres como las que están viendo los chinos del frutos-secos cuando vas a comprar hielo, sino más bien un peliculón de calidad hollywoodiense con una factura increíble y un repartazo con estrellas de 3 continentes.

El punto de partida es tan sencillo que resulta naíf: la amenaza del calentamiento global es convertida en apocalipsis glacial por la estulticia humana y los únicos supervivientes se refugian en un tren que les protege de una intemperie ultra-hostil pero que no debe detenerse en ningún momento. Tiene mucho mérito convertir esto en una excelente película de acción futurista, con todos los condicionantes espaciales de un vagón de tren para desarrollar todo tipo de tiroteos y batallas campales indoor. El encargado de conseguirlo es el director Joon-ho Bong (The Host) y desde luego demuestra una habilidad impresionante para poner todo tipo de recursos visuales al servicio del espectáculo. También es evidente que domina el ritmo narrativo que el género necesita.

Si la peli se quedase ahí sería como meter a los 300 de Leónidas en el Cercanías y ya. Pero no, Snowpiercer es además una atroz crítica a una estructura social estratificada donde todo lo que ocurre está orquestado para perpetuarse sin variación alguna. Incómoda y escalofriantemente similar al mundo que vivimos, desde luego.

El reparto es bien marciano pero funciona a la perfección. Tenemos a Kang-ho Song, que es la superestrella del cine de acción coreano y a Ah-sung Ko, la lolita asiática. Aparece brevemente un Ed Harris correcto como siempre. Jamie Bell (Billy Elliot para la eternidad) nos hace ballet a tortazos y a tiros. John Hurt hace de sabio, como no puede ser de otra forma con esa cara de listo. Chris Evans (El Capitán América) está sorprendentemente bien. Seguramente demasiado guapete y demasiado musculitos para resultar duro a cara lavada, mejora mucho apareciendo desaseado y sobrearropado; la verdad es que está muy convincente.

Mención aparte merece Tilda Swinton, una actriz por la que el Cupletero siente pasión absoluta. Evidentemente dotada para la interpretación pero además obsequiada con un físico tan particular que puede hacer de todo menos de mujer “normal”. Guapísima o feísima según a ella le dé la gana, en esta peli borda el papel de la repulsiva Ministra Mason. Me encantaría preguntarle si, como a mi me dio la impresión, se inspiró en Margaret Thatcher para definir el papel. Un día de estos la llamo y se lo comento.

Snowpiercer es una experiencia intensa, con mucha violencia, mucha acción y mucha claustrofobia social. Pero para disfrutarla hay que ir preparado porque la sangre te salpica y porque , como es habitual en el género, hay que aguantar alguna y que otra bravuconada innecesaria y alguna línea de diálogo tontorrona.

Augurio cupletero: Snowpiercer va a ser el Gangnam Style del cine de acción. A ver si acierto.